Cambié la foto que tenía en el escritorio del computador, es la primera vez que me siento a respirar sola desde que llegué a Estambul. Y cambié la foto porque me llenó de nostalgia, el primer (bueno, en realidad el segundo) golpe de nostalgia desde que dejé Colombia.
Han pasado cuatro días desde que mi familia y amigos me despidieron en el aeropuerto de Bogotá, pero parece que fueran meses, en parte porque empiezo a extrañar sus voces y en parte porque en estos cuatro días he vivido lo que en años no (cómo no, si estoy al otro lado del mundo!).
Hagamos un recuento para quienes esperan noticias y para quienes de casualidad cayeron por estas letras, un recuento que de paso alimente mi memoria.
Los viajes. Hoy completé 24 horas de viaje; Bogotá, Madrid, Estambul, Bursa, (inserte aquí el nombre de una ciudad de la costa turca sobre el mar de Mármara que no recuerdo) Bandirma y Erdek; aire, mar y tierra. Y bueno para mi sorpresa, me voy a dormir hoy con una amable invitación; visitar “Troya” (si, la de La Iliada, más conocida hoy día como Cannakale) y las Islas Griegas en el verano).
El viaje Bogotá – Madrid se resume en: traquetos, maletas perdidas y policía migratoria. Si señores y señoritas, éste se lleva el premio a la peor parte de lo que he vivido hasta hoy. El vuelo desde Bogotá estuvo lleno de traquetos (y traqueticos, es decir niños-traquetos), cadenas de oro con medio centímetro de espesor para aquí y para allá, y un habladito paisa que me costó mucha tolerancia (tener uno que otro amigo paisa no está mal, pero un avión repleto de ellos con rumbo al otro lado del mundo como que nó! Ya es suficiente con uno perverso – o “abeja”? como dicen en su tierrita- como presidente). Algo de turbulencia sobre el atlántico y un libro de Sartori sobre extranjeros e Islam que casi se me pierde.
Madrid es un peladero, bien lo decía el profesor Patiño. Yo diría que el aeropuerto de Barajas es un peladero dentro del peladero. Sólo estuve haciendo conexión, así que no vi nada que no me permita hacer esa afirmación más allá del aeropuerto, el horizonte y el sobrevuelo. Cuando bajamos del avión nos estaba esperando la policía española (como no! Un avión que viene desde Colombia!), así que pasaporte en mano, y si era el caso, boleto para el siguiente vuelo, o visa o tarjeta de residencia. Y adivinen quienes se ganaron la lotería! Los que estábamos para hacer conexión, así que nos quitaron los pasaportes para hacer un “control de tránsito”.
Nos llevaron a la oficina de policía del Terminal T4, un lugar de paredes blancas y sillas metálicas donde la mayoría era Africana y Latinoamericana. Afortunadamente mi vuelo salía en menos de 40 minutos así que revisaron mi pasaporte primero junto con el de una alemana (que estaba ahí por venir desde Colombia) y el de un señor bonachón quienes iban para Tel Aviv.
Antes de saber que revisarían mi pasaporte primero, llegué a asustarme; la chilena que estaba al lado me dijo que llevaba más de cuatro horas sentada en ese lugar y me había llegado a imaginar que perdería el vuelo. Pero bueno, comprobaron que no hago parte de Al Qaeda o las FARC o algo así y me enviaron con un agente de seguridad de la aerolínea con la que viajé, la única persona amable que conocí en ese lugar. Medio coqueto me dejó en la puerta del avión después de hacerme saltar todas las filas para los controles de seguridad, “la señorita viene conmigo”.
Ya en el avión nada de traquetos, para mi fortuna, ¿a qué paisa con esa connotación se le ocurriría visitar Estambul? Tuve un mejor vuelo, sin turbulencia ni niños italianos gritando, sin los personajes ya mencionados, y duró poco menos de tres horas. Eso sí, tenía al lado a Cruela de Vil y su hijita, un par de turcas, que por ser turcas no dejaron de ser imbéciles, más bien lobas, haciendo algo de pasarela como quien no quiere la cosa para los jugadores de baloncesto del Fenehberace con quienes compartimos vuelo. (Si, aparte de fútbol, también hay selección de baloncesto con ese nombre).
La vista del mar Mediterráneo sobre Sicilia es hermosísima, cuando mis ojos la conocieron tuve un momento de gloria. No hay fotos, jajaja, los momentos de gloria anulan las cámaras, o hacen más idiota a quienes los disfrutan.
Ya en Estambul noté que mis maletas viajaron a Palma de Mallorca (un pellizco por donde más le duela a la niña de la aerolínea en Bogotá que las etiquetó mal por andar hablando con la compinche!) y que me tocaría sobrevivir quien sabe cuántos días con lo que a última hora había metido en el equipaje de mano. Y bueno, Estambul es otra historia que merece capítulo aparte. Sólo entender con mis propios ojos que se está entre Europa y Asia en la misma ciudad me dejó maravillada, ver la ciudad durante el aterrizaje… Lagos artificiales, cultivos, carreteras… Una mezquita! Esperen, otra, y otra, y otra! Y ya no las pude contar. El atardecer en un ferri sobre el Bósforo con luna llena, gigante y amarilla –inserte otro momento de gloria, oséase sin fotos aquí-… (Si, escribiré sólo sobre Estambul cuando pueda volver a sentarme a escribir).
Al siguiente día de mi llegada, es decir, el viernes, sin darme cuenta ya estaba en un ferri sobre Mármara con rumbo hacia occidente. Paramos en una ciudad de la cual no recuerdo el nombre para tomar un auto hacia algún lugar lleno de olivos entre Erdek y Bandirma. Las carreteras entre ciudades en Turquía, y creo yo en toda Europa y Asia son más rápidas que en Colombia, aquí no tienen tal cosa como la cordillera de los Andes atravesada en el corazón y dividida en tres brazos. Estuvimos un momento en la zona industrial de Bursa, ciudad que fuere la primera capital del imperio Otomano.
A nuestra llegada nos esperaban dos pastores turcos (mas grandes que los alemanes) y mi primera cena realmente mediterránea. La comida también merece capítulo aparte (ya tengo bastante que escribir al respecto), así que ya les contaré. Por ahora les comparto mi anhelo por un jugo de maracuyá (fruta que vale 30 dls la unidad por estos lados del planeta), y que la clave está en el aceite de oliva, el pescado, los vegetales y el tomate miniatura. Ah! Y que no he probado el raki por miedo a caer borracha con un sorbo, pero eso sí, cuanto dulce me ofrecen voy recibiendo.
Ayer sábado fuimos a almorzar a Bandirma, en un restaurante nacionalmente conocido por sus “bolas alargadas” de carnero, algo así como salchichas, realmente deliciosas. Así mismo fuimos a la plaza de mercado que no huele ni un poquito a fruta, es más vegetal y lleno de especias (si acaso algunos abanos, manzanas, peras y naranjas). Y, esta mañana fuimos a recoger el pan recién salido del horno a Erdek. En la panadería me sentí en otro mundo y otra época, el horno de arcilla gigante, los panaderos y la música tradicional turca en la radio, la luz tenue, todo de otro mundo!
Hoy regresamos a Estambul en un viaje en ferri de dos horas desde Bandirma, me mareé bastante por la velocidad, pero una vez más la vista era hermosa. De nuevo, desde el lado europeo tomamos un ferri para llegar al lado asiático, de nuevo un momento de gloria; el atardecer rojo y morado y azul y gris y amarillo y rosa, de nuevo impecable estaba en la mitad del Bósforo como flotando la eternamente hermosa Kiz Kulesi, la Mezquita azul. Todo en menos de 15 minutos. Y bueno, para no variar, momento de gloria que va sin foto para mis lectores y lectoras.

Kıs Kulesi, algo asi como 'la torre de la joven' (crei que estas fotos tenian photoshop
pero comprobe con mis ojos que no)
La gente. Para quienes me conocen no es raro saber que disfruto más de la compañía de personas de más edad, o gente de mi edad que parece más vieja; esa gente que se sorprende del mundo de hoy en día, y también esa gente que no sólo se sorprende sino que no espera mucho de los años que vienen. Aquí sólo he estado con gente mayor que yo. La gente se merece otro capítulo a parte, por ahora les cuento que he visto mucha tranquilidad en los ojos de las personas a mi alrededor, y mucha familia.
El mar. El mar también es una historia diferente, aunque tengamos el Caribe y el Pacífico en Colombia, el contacto con el mar Mediterráneo, de Mármara, el mar Negro y el Bósforo me ha dejado con más cosas que decir. Abramos un capítulo más para los próximos escritos.
La música, conocía de antes la música turca (es un capítulo más futuro para este blog), pero, déjenme decirles, estamos arruinados ante los oídos del mundo! ni la salsa ni el vallenato, el reggaeton es nuestro nuevo ritmo insignia! Oh sorpresa cuando mis anfitriones estaban bajando música latina. De lo que vi sólo pude recomendar lo mejorcito, CafeTacvba, Tito Puente y Gotan Project (de resto Shakira, Ricky Martin, Juanes y Alex Sintec), así que bueno, sólo espero que la fiebre reggaetonera termine pronto y tengamos algo mejor que ofrecernos y ofrecerle a los demás, no por nada tenemos una gran diversidad musical (aunque no diversidad de espíritu lamentablemente). –Acuérdenme por favor ampliar la idea sobre el espíritu y el reggaeton-.
El corazón. Para los que se preguntan sobre Romeo y Juliette. Romeo compró boletos para Estambul mientras Juliette andaba de paseo a orillas del Mármara. Punto (ya se imaginarán lo honga que me siento al respecto).
Y nada, mañana voy a un par de clases de relaciones internacionales en una universidad del lado europeo de Estambul, a ver si empiezo con uno de mis objetivos al venir aquí, caer muerta de amor por mi carrera otra vez (si, si, capítulo aparte) a ver si salgo de ese chicharrón, o que se vuelva un jugo de maracuyá, o yo qué sé. Así mismo buscaré cuándo empiezan las lecciones de turco, al parecer las voy a tomar en Tömer, que según dicen es el mejor instituto si se quiere aprender el lenguaje en profundidad (creo que es de la Universidad de Anakara o algo así).
Bueno, la foto en escritorio es de una de mis despedidas en Bogotá, un grupo de niñas y niños que pasan de los 20 años, pero que se atrevieron a tomarse una foto títere en mano en un jardín infantil como si nada. Mejor la dejo, a pesar de la nostalgia me hace sonreír. Y se me olvidaba, el asunto de la foto es el segundo golpe de nostalgia porque el primero fue sólo poder imaginar el olor a maracuyá, lo más cercano que he tenido a las frutas que tanto abundan por el trópico colombiano han sido unas rebanadas de pera y de kiwi, y un vaso de jugo de piña en cajita.
p.d. 1. Las fotos se las quedo debiendo por ahora, algunas no las he tomado (ya saben, no tenía práctica con los momentos de gloria) y las que ya existen, que son pocas, no las he bajado al computador. Me comprometo a volverme una fanática de la cámara, al menos una semana.
p.d.2. A toda mi familia, a todos mis amigos, que los quiero mucho a pesar de que no haya podido verlos a todos o de que no todos se hayan enterado de este viaje a tiempo, que ya empiezo a extrañarlos. Todos los abrazos que no puedo dar aquí les pertenecen a ustedes.
p.d.3 Decenas de detalles se quedan por fuera, todo eso se ha vuelto material para futuros escritos.
p.d.4. Mis maletas llegaron ayer a Estambul, viajaron más que yo, y sólo hoy a mi llegada las pude abrir y ver un poco de casa en ellas. Mientras tanto creo que olí como camello y tuve que conseguir una crema para cabello crespo de Pantene (que aquí gracias a Dios o Alláh también hay pero huele diferente).
p.d.5. Voy a estar escribiendo en español, a veces en inglés (que ya cogí práctica porque es lo único que hablo por ahora) y espero poner algunas cositas en turco en un futuro no muy lejano (así sea “amo a mi mamá” que debe ser “anne seni seviyorum!”… Jajajajaja, si he aprendido algo :D ).